CURSO DE REIKI - Primer nivel de Usui Reiki Ryoho en Alicante - Maestro Vicente Aseillam.

Primer Nivel de Reiki Ryoho en Alicante

Formación oficial – Alianza Internacional Dharma Reiki-Ho y Escuela Malliesa

Febrero-marzo 2026 | Cuatro sábados consecutivos presenciales
🗓 Sábados: 14, 21, 28 de febrero y 7 de marzo 2026
🕔 Horario: de 17:00 a 21:00 h
📍 C/ Víctor de la Serna 40, 2º izda. Alicante (España)


Aprende Reiki desde la base, de forma clara y práctica

Reiki es una práctica natural que puede aprender cualquier persona, sin importar la edad, la experiencia previa o las creencias personales. No es una religión ni requiere conocimientos especiales. Reiki es la energía vital que sostiene la vida, y aprender a canalizarla es un proceso sencillo, profundo y transformador.

En el Primer Nivel de Reiki Ryōhō aprenderás a canalizar Reiki de manera natural, principalmente a través de la colocación de las manos, permitiendo que la energía fluya allí donde el cuerpo y la mente lo necesitan.


¿Qué aprenderás en este curso?

Durante esta formación de Primer Nivel de Reiki Usui, adquirirás una base sólida tanto teórica como práctica que te permitirá aplicar Reiki de forma consciente, segura y efectiva en tu vida cotidiana.

Contenidos principales del curso

Durante esta formación aprenderás:

  • Las posiciones básicas de las manos para el autotratamiento y el tratamiento a otras personas.

  • A reconocer el Byōsen, la sensibilidad que indica desequilibrios energéticos.

  • Técnicas tradicionales de armonización del cuerpo, la mente y la energía.

  • Métodos de purificación energética y cuidado del propio canal.

  • A integrar una práctica consciente y segura en tu vida diaria.

Formación teórica y práctica

El curso incluye el estudio y la práctica de los siguientes contenidos:

  • Historia del Usui Reiki Ryōhō (Reiki Japonés).

  • Historia del Usui Shiki Ryōhō (Reiki Tibetano).

  • Tratamiento y autotratamiento de Reiki.

  • Formas de aplicar Reiki en la vida cotidiana.

  • Los Cinco Principios de Usui Sensei.

  • Localización y función de los chakras y sus principales glándulas.

  • Técnicas de reequilibrio de chakras y desbloqueo energético.

  • El campo energético humano (aura).

  • Ejercicios para el desarrollo de la capacidad interna de diagnóstico energético: Byōsen e Hibiki.

  • Meditación Tibetana (Bija Mantra).

  • Técnicas de Reiki Japonés del sistema Gendai Reiki-Hō.

  • Introducción a estudios científicos sobre Reiki, incluyendo referencias a la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. (PubMed), donde se recogen investigaciones científicas relacionadas con la práctica del Reiki.

Iniciación y material incluido

El curso incluye:

  • Manual completo de Reiki Ryōhō, basado en los sistemas Gendai Reiki-Hō y Usui Reiki Tibetano.

  • Sintonización presencial (Reiju) realizada por el Maestro Vicente Aseillam, que abre el canal energético y permite aplicar Reiki a uno mismo, a otras personas, animales y plantas.

Este curso está diseñado tanto para quienes se acercan por primera vez al Reiki como para quienes desean profundizar en una práctica tradicional, respetuosa y fiel a las enseñanzas originales.


Beneficios de la práctica de Reiki

La práctica regular de Reiki:

  • Reduce el estrés y la tensión acumulada.

  • Favorece una profunda relajación física y mental.

  • Mejora la circulación de la energía vital en todo el cuerpo.

  • Apoya los procesos naturales de autocuración y equilibrio emocional.

Reiki actúa de forma gradual y profunda, trabajando en la raíz de los desequilibrios. La clave está en la constancia y la práctica consciente, sin esfuerzo mental, desde la presencia y la confianza.


Una formación para tu bienestar y tu crecimiento personal

En Reiki no se fuerza la energía: el practicante se convierte en canal.
Reiki fluye de manera inteligente, regulándose por sí mismo según las necesidades del momento. Con la práctica, el canal se vuelve más claro y la experiencia más profunda, aportando bienestar tanto a quien da como a quien recibe el tratamiento.


Inscripciones abiertas · Plazas limitadas

Las plazas son limitadas para garantizar una enseñanza personalizada y un acompañamiento adecuado durante todo el proceso de aprendizaje.

📩 Información e inscripciones:
Escuela Malliesa – Reiki Ryōhō
✉️ vaseillam@hotmail.com
📞 636534450
🌐 https://escuelamalliesa.blogspot.com/

Reserva tu plaza y comienza tu camino en Reiki de forma sólida, consciente y respetuosa con la tradición.


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REIKI EN ALICANTE - Salir del piloto automático - Maestro Vicente Aseillam.

 

Salir del piloto automático: responsabilidad, presencia y sanación

Cuando una persona vive comparándose con los demás, su mente se mueve hacia afuera. Observa, evalúa y mide su vida según referencias externas. Así, de manera casi imperceptible, entrega el timón de su existencia a las circunstancias, a la opinión ajena o a los modelos sociales dominantes. Desde la visión del Dharma y del Reiki Ryōhō, este modo de vivir constituye una causa directa de sufrimiento.

El Budismo Zen señala que la confusión surge cuando buscamos fuera lo que solo puede ser reconocido dentro. La comparación constante alimenta el apego y genera una insatisfacción interminable: siempre habrá alguien con más, con algo distinto o aparentemente mejor. El problema no está en el objeto comparado, sino en la mente que se aferra a una referencia equivocada y pierde contacto con su naturaleza esencial.

Usui Sensei enseñó que Reiki no es únicamente un método terapéutico, sino un camino de vida. Practicar Reiki implica asumir responsabilidad sobre uno mismo, abandonar la reactividad automática y cultivar una presencia consciente. Cuando la persona deja de vivir desde el reflejo condicionado y empieza a escucharse profundamente, se realinea de forma natural con lo que realmente necesita.

Desde la perspectiva terapéutica del Reiki Ryōhō, la comparación y la búsqueda externa generan tensiones visibles en el cuerpo energético y físico. Estas tensiones suelen manifestarse como agitación mental, ansiedad, cansancio crónico o sensación de vacío. El Reiki crea las condiciones para que el sistema nervioso se calme y la mente se detenga. En ese espacio de quietud, surge la posibilidad de reconectar con la referencia interior.


Orientaciones prácticas desde el Reiki Ryōhō


1. Autotratamiento como Reikista

(Responsabilidad personal y práctica cotidiana)

El autotratamiento es la base del camino del Reiki. Sin esta práctica, no hay transformación real ni coherencia interna.

  • Practicar auto-Reiki a diario, comenzando por la colocación de manos en el abdomen (Tanden) y el pecho, permite estabilizar la mente y recuperar el contacto con el momento presente.

  • Permanecer varios minutos en cada posición, sin intención de cambiar nada, observando la respiración y las sensaciones que surgen en las manos.

  • Cuando aparezcan pensamientos de comparación, insatisfacción o autoexigencia, no luchar contra ellos. Permitir que estén ahí mientras la energía fluye. Esta actitud enseña a salir del automatismo.

  • Finalizar el autotratamiento con unos instantes de silencio consciente, reconociendo internamente: “La referencia está en mí”.

Este trabajo constante cultiva la capacidad de autoobservación y fortalece la confianza en el propio proceso vital.


2. Tratamiento de Reiki a otra persona

(Acompañamiento terapéutico y presencia consciente)

Cuando el Reikista acompaña a otra persona, su función no es dirigir su vida ni corregirla, sino ofrecer un espacio seguro donde pueda reconectar consigo misma.

  • Durante el tratamiento, prestar especial atención al plexo solar y al chakra del corazón, zonas donde suele manifestarse el Byōsen relacionado con comparación, inseguridad, apego y conflicto emocional.

  • Observar cuidadosamente el Hibiki en las manos: calor, pulsación, densidad o vibración irregular indican áreas de tensión emocional sostenida.

  • Mantener las manos con toque de pluma sin prisa y sin expectativa. La quietud del terapeuta es clave para que el sistema del receptor pueda autorregularse.

  • Adoptar una actitud interna de no-juicio y respeto profundo. Esta presencia, alineada con la ética del no-daño (Ahimsa), es tan sanadora como la energía misma.

  • Al finalizar la sesión, si es adecuado, invitar suavemente a la reflexión consciente, sin imponer interpretaciones:
    “¿Esta necesidad que sientes nace de ti o de la comparación con los demás?”

El cuerpo relajado y el campo energético armonizado permiten que esta pregunta emerja como una comprensión vivida, no como una idea intelectual.


Desde el Zen se dice que despertar es dejar de buscar fuera. Desde el Reiki Ryōhō se comprende que sanar es volver a casa. Ambos caminos señalan la misma dirección: asumir la responsabilidad de la propia vida, abandonar el piloto automático y cultivar una presencia clara y estable.

Cuando la mente se aquieta y el cuerpo se armoniza, la referencia interior reaparece de forma natural. Entonces, sin esfuerzo, la vida comienza a orientarse desde un lugar auténtico, sereno y profundamente humano.


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REIKI EN ALICANTE - Caminar juntos - Maestro Vicente Aseillam.

Caminar juntos: responsabilidad, sabiduría interior y sanación

En el Zen se dice que nadie puede despertar por otro. Un maestro no camina delante para ser seguido, ni detrás para empujar. Camina al lado. Del mismo modo, en el Reiki Ryōhō auténtico no se pretende dirigir la vida de nadie, sino crear las condiciones para que cada persona recuerde lo que ya sabe.

Dentro de cada ser humano habita una sabiduría profunda. No es una idea intelectual ni un conjunto de respuestas aprendidas. Es una comprensión viva que se manifiesta cuando la mente se aquieta y el cuerpo deja de estar en tensión. El sufrimiento aparece cuando olvidamos esta fuente interna y buscamos fuera lo que solo puede ser reconocido dentro.

Usui Sensei enseñó que Reiki no es algo que se “hace” para cambiar a otros, sino un camino para volver al estado natural de equilibrio. Cuando la persona se responsabiliza de su vida y deja de delegar su poder en las circunstancias o en terceras personas, comienza el verdadero proceso de sanación. Esto es Anshin Ritsumei: la paz que nace de confiar plenamente en el fluir de la vida.

Desde la visión del Budismo Zen, esta confianza surge cuando dejamos de huir de nosotros mismos. En lugar de buscar soluciones externas, aprendemos a sentarnos con lo que es, a observar nuestras creencias, nuestros miedos y nuestros deseos. En ese acto de presencia, la claridad aparece por sí sola.

El acompañamiento —ya sea como maestro, terapeuta o practicante— no consiste en dar respuestas, sino en formular las preguntas adecuadas y sostener el espacio para que el otro descubra su propio camino. Preguntas simples, a veces incómodas, que rompen el automatismo y despiertan la conciencia.


Reiki Ryōhō como apoyo terapéutico al autoaprendizaje

El Reiki ofrece un soporte directo para este proceso interior. Al calmar el sistema nervioso y armonizar el cuerpo energético, la persona puede acceder con mayor facilidad a su sabiduría interna.


1. Autotratamiento: volver a casa

  • Practicar Reiki sobre uno mismo de forma regular, colocando las manos en el abdomen y el corazón, ayuda a estabilizar la mente y a desarrollar una escucha interior profunda.

  • Durante el autotratamiento, observar sin juzgar los pensamientos que surgen. No se trata de eliminarlos, sino de no identificarse con ellos.

  • Este espacio de quietud favorece la toma de responsabilidad: la persona deja de reaccionar automáticamente y empieza a elegir conscientemente.

El autotratamiento no busca “arreglar” nada, sino recordar. Recordar que uno tiene la capacidad de crear, elegir y transformar su vida.


2. Tratamiento a otra persona: acompañar sin dirigir

Cuando el Reikista trabaja con otra persona, su actitud interna es fundamental:

  • Las manos se colocan con respeto, sin intención de corregir ni de aconsejar.

  • El practicante observa el Byōsen y el Hibiki, permitiendo que el cuerpo del receptor marque el ritmo del tratamiento.

  • Zonas como el plexo solar y el pecho suelen reflejar conflictos relacionados con la responsabilidad personal, la inseguridad o la dependencia externa.

  • El silencio consciente del terapeuta es una enseñanza en sí misma: transmite confianza y permite que el receptor conecte con sus propios recursos.

En este contexto, Reiki actúa como un espejo suave que facilita el autoaprendizaje. La persona no recibe soluciones, sino la posibilidad de verse con mayor claridad.


Desde el Zen y el Reiki Ryōhō, caminar juntos no significa que uno lleve al otro. Significa compartir presencia, cultivar la confianza en la naturaleza humana y recordar, una y otra vez, que todo lo necesario para vivir una buena vida ya está dentro de nosotros.

 

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USUI REIKI RYOHO - Dharma y Reiki - Maestro Vicente Aseillam.


Reiki y Dharma: Medios Hábiles en el Camino hacia la Liberación

Cuando se contempla la posibilidad de integrar Reiki y Dharma, es imprescindible hacerlo desde una comprensión clara de sus naturalezas distintas. No se trata de fusionarlas de manera indiscriminada, sino de permitir que cada una ocupe su lugar correcto sin generar confusión ni autoengaño en la práctica.

La experiencia de sanar, de aliviar o de transformar surge de condiciones interdependientes, no de una entidad personal que controla el proceso. En ciertas aproximaciones al Reiki, sin esta comprensión, puede aparecer un riesgo sutil: que el ego del practicante se infle bajo la idea de “yo sano”, “yo tengo un don”, “yo transmito poder”. Si se decide caminar con ambas vías, el punto esencial es cultivar el estado de no-yo también durante la práctica energética. El practicante no es un hacedor, sino un canal consciente que no se apropia de la experiencia.

Desde esta perspectiva, la diferencia en la comprensión del sufrimiento se vuelve igualmente clara. El Reiki actúa principalmente en el nivel del síntoma: relaja el sistema nervioso, alivia el dolor, reduce el estrés, armoniza la experiencia inmediata del cuerpo-mente. El Dharma, en cambio, apunta directamente a la raíz: la ignorancia fundamental, el apego y la aversión que sostienen el ciclo del sufrimiento. Confundir estos planos sería empobrecer a ambos. Integrarlos con sabiduría significa usar el Reiki como un medio hábil para calmar el cuerpo y permitir que la mente tenga la estabilidad necesaria para observarse a sí misma.

Existe, además, un origen común que conviene recordar: la búsqueda de la iluminación. Para Usui Sensei, el Reiki no era únicamente una técnica de sanación física, sino un camino hacia el Anshin Ritsumei, ese estado de paz interior profunda y aceptación del destino. Este estado resuena claramente con la equanimidad budista, Upekkhā: una mente que permanece estable, abierta y no reactiva ante las circunstancias cambiantes de la vida.

En el Dharma, el objetivo es la liberación del sufrimiento mediante el despertar de la mente, viendo la realidad tal como es. En el Reiki, la sanación del cuerpo puede entenderse como un escalón: al aliviar el dolor y aquietar el sistema nervioso, la mente encuentra el sosiego necesario para cultivar atención, comprensión y claridad. El cuerpo en calma se convierte en soporte del despertar, no en su fin último.

Así, Reiki y Dharma no se oponen ni se diluyen uno en el otro. Uno prepara las condiciones; el otro revela la verdad. Uno armoniza la experiencia inmediata; el otro corta la raíz del sufrimiento. Practicados desde la Vacuidad, ambos se transforman en expresiones de una misma aspiración: una mente libre, estable y despierta, sin un “yo” que sane ni un “yo” que alcance nada.

La Compasión como Motor de la Práctica

En el corazón más profundo del Usui Reiki late una fuerza que no es técnica ni método, sino intención pura, la compasión. Cuando esta práctica se contempla a la luz del budismo zen, aparece con claridad un punto de unión esencial. La figura del Buda de la Medicina, Yakushi Nyorai, conocido en sánscrito como Bhaiṣajyaguru, no representa únicamente la curación del cuerpo, sino la aspiración a aliviar el sufrimiento en todos los planos de la existencia.

Desde esta comprensión, practicar Reiki no es simplemente aplicar una energía para reducir un síntoma. Es cultivar Metta, el amor benevolente que desea sinceramente el bienestar del otro, y Karuna, la compasión que no se aparta ante el dolor, sino que se acerca con presencia y apertura. El gesto de imponer las manos se transforma entonces en un acto de profunda humanidad consciente.

Cuando el practicante se sitúa en este estado, ya no busca “quitar un dolor” desde una voluntad personal. Se vacía de protagonismo y permite que la energía fluya como expresión natural del deseo de aliviar el sufrimiento. No hay apropiación, no hay mérito personal: solo disponibilidad. En ese instante, el Reiki deja de ser una técnica y se convierte en una acción compasiva encarnada.

De esta forma, el practicante de Reiki camina de forma análoga a un Bodhisattva, alguien que, sin separarse del mundo ni de su dolor, ofrece alivio allí donde es posible, sin expectativa de resultado ni afirmación del yo. Cada sesión se vuelve una oportunidad para cultivar una mente compasiva, estable y despierta, que acompaña sin invadir y sostiene sin aferrarse.

De este modo, la compasión no es un añadido ético al Reiki, sino su motor silencioso. Es lo que orienta la práctica hacia algo más profundo que la sanación puntual: una participación consciente en el alivio del sufrimiento, sostenida por una mente clara y un corazón abierto.



Yakushi y la Sanación de los Tres Venenos

En la enseñanza asociada a Yakushi Nyorai, el Buda de la Medicina, la enfermedad no se comprende únicamente como un desequilibrio físico, sino como la manifestación visible de causas más profundas. En la raíz del sufrimiento del cuerpo se encuentran los llamados tres venenos: el apego, el odio y la ignorancia. Estos estados mentales, cuando se cultivan de forma inconsciente, tensan la mente, alteran el flujo natural de la energía y terminan expresándose como enfermedad.

Desde esta visión, la práctica del Usui Reiki adquiere una dimensión más amplia que la simple búsqueda de alivio corporal. Al canalizar energía, el practicante no intenta combatir la enfermedad como un enemigo externo, sino crear las condiciones para que estos venenos comiencen a disolverse. El apego se suaviza cuando la energía invita a la relajación y a la aceptación; el odio se enfría cuando el cuerpo experimenta seguridad y calma; la ignorancia se aclara cuando la mente encuentra espacio y silencio.

La imposición de manos se convierte así en un gesto simbólico y real a la vez. No se trata de “limpiar” algo desde la voluntad personal, sino de cultivar un campo de presencia compasiva donde la energía fluye sin intención egoica. En ese campo, el cuerpo puede soltar tensiones antiguas y la mente puede reconocer, aunque sea de forma sutil, los patrones que generan sufrimiento.

Reiki, entendido desde Yakushi, no elimina directamente los tres venenos; los ilumina. Al ser vistos con claridad y sostenidos en un entorno de calma y benevolencia, pierden fuerza. La sanación que surge entonces no es solo la desaparición de un síntoma, sino una reconciliación progresiva entre cuerpo, mente y conciencia.

De este modo, cada sesión de Reiki puede ser vivida como una práctica silenciosa de transformación interior: una oportunidad para aliviar el dolor presente y, al mismo tiempo, para cultivar las condiciones que reducen las causas profundas del sufrimiento.

La Paciencia como Camino de Transformación

Entre los principios de Usui Sensei, uno resuena con especial profundidad: “Solo por hoy, no te enojes”. Esta simple frase no es un consejo superficial para controlar la ira, sino una guía para cultivar la paciencia y la claridad interior en cada momento de la vida. La práctica de Reiki ofrece un espacio donde esta intención puede encarnarse, ya que al canalizar energía, no solo buscamos armonizar el cuerpo, sino también entrenar la mente en presencia y calma, evitando que el odio o la irritación nos dominen.

En el Dharma, esta actitud se refleja en la práctica de Kṣānti, la paciencia que actúa como antídoto contra el odio y la aversión. La paciencia no es resignación ni pasividad; es la fuerza que permite ver el sufrimiento propio y ajeno con claridad, sostenerlo sin reaccionar impulsivamente y responder desde la sabiduría. Al aplicar Reiki con esta conciencia, el practicante aprende a no aferrarse a la frustración o al enojo, permitiendo que la energía fluya libremente y generando un espacio seguro tanto para sí mismo como para el otro.

“No enojarse” se convierte en una práctica viva: un entrenamiento diario que une Reiki y Dharma. Mientras la energía Reiki calma el cuerpo y suaviza la mente, la paciencia budista permite que el corazón se mantenga abierto, transformando cada interacción, cada dificultad y cada conflicto en una oportunidad de crecimiento y liberación. En cada sesión, en cada gesto, se puede cultivar la paciencia como un puente entre la compasión activa y la claridad despierta.

Reiki y Dharma no son caminos separados; uno prepara la mente, el otro fortalece el corazón. Juntos, enseñan que incluso el enojo más sutil puede ser transformado en comprensión y presencia consciente, “solo por hoy”.

Atención Plena y Confianza en el Fluir de la Vida

Entre los principios legados por Usui Sensei, “Solo por hoy, no te preocupes” señala una dirección clara para la mente, regresar al presente. La preocupación es siempre un movimiento hacia el futuro, una proyección construida desde el miedo y la incertidumbre. Este principio no invita a la irresponsabilidad, sino a cultivar una mente estable que no se pierda en escenarios imaginados.

En el Dharma, esta actitud se expresa a través de la práctica de Sati, la atención plena. Sati es la capacidad de estar plenamente presentes con lo que ocurre aquí y ahora, sin añadir juicios ni narrativas innecesarias. Cuando la mente se ancla en la experiencia directa, la preocupación pierde fuerza, porque deja de ser alimentada por pensamientos repetitivos. La práctica de Reiki ofrece un soporte concreto para este entrenamiento: al canalizar energía, el practicante se asienta en la respiración, en las manos, en la sensación inmediata, permitiendo que la mente se unifique con el momento presente.

Junto a la atención plena, el Dharma introduce una comprensión esencial: la confianza en el Karma. Confiar en el Karma no significa resignarse pasivamente, sino reconocer que cada experiencia surge de causas y condiciones, y que nuestras acciones presentes son las semillas del futuro. Cuando esta comprensión se cultiva, la preocupación se transforma en responsabilidad consciente: hago lo que corresponde ahora, con claridad y rectitud, y suelto la necesidad de controlar los resultados.

Desde esta perspectiva, Reiki y Dharma se encuentran de manera natural. El Reiki aquieta el sistema nervioso y reduce la agitación que sostiene la preocupación; el Dharma ofrece el marco de sabiduría que permite soltar el aferramiento al resultado. “No preocuparse” se vuelve entonces una práctica viva: estar plenamente aquí, actuar con intención correcta y confiar en el fluir de las causas y condiciones.

“Solo por hoy” no es una consigna temporal, sino una puerta siempre abierta. Cada instante se convierte en una oportunidad para cultivar atención plena, confianza y serenidad, dejando que la mente descanse en la realidad tal como es.

Gratitud y Comprensión de la Interdependencia

Entre los principios de Usui Sensei, “Solo por hoy, sé agradecido” señala una actitud que transforma profundamente la manera de vivir y de practicar. La gratitud, en este contexto, no es un simple sentimiento positivo, sino una forma de sabiduría aplicada: el reconocimiento consciente de que nada existe de manera aislada.

En el Dharma, esta comprensión se expresa a través de Pratītyasamutpāda, el origen interdependiente. Todo lo que experimentamos surge gracias a una red infinita de causas y condiciones: el cuerpo que respira, la energía que circula, la posibilidad misma de recibir o dar Reiki. Cuando esta verdad se cultiva, la gratitud surge de manera natural, porque se disuelve la ilusión de autosuficiencia.

La práctica del Usui Reiki ofrece un terreno directo para encarnar esta enseñanza. Al canalizar energía, el practicante reconoce que no “produce” nada por sí mismo. La energía fluye gracias a innumerables condiciones: la transmisión recibida, la enseñanza de los maestros, la presencia del receptor, la disposición del momento. Este reconocimiento transforma la sesión en un acto silencioso de agradecimiento hacia la vida misma.

Desde el Dharma, la gratitud también actúa como un antídoto contra el orgullo y la queja. Al ver la interconexión, la mente deja de centrarse en lo que falta y se abre a lo que ya está sosteniendo la experiencia. Así, Reiki y Dharma se refuerzan mutuamente: el Reiki suaviza el corazón y lo vuelve receptivo; el Dharma aporta la claridad para cultivar una gratitud estable, no dependiente de las circunstancias externas.

“Ser agradecido, solo por hoy” se convierte entonces en una práctica continua. Cada respiración, cada sesión, cada encuentro es visto como el resultado de una red viva de relaciones. Vivir desde esta comprensión no solo armoniza el cuerpo y la mente, sino que orienta la práctica hacia una presencia humilde, abierta y profundamente despierta.

Esfuerzo Correcto como Práctica Viva

Entre los principios de Usui Sensei, “trabaja duro” no señala una exigencia externa ni una lucha contra uno mismo. Apunta, más bien, a una disposición interior: la voluntad constante de cultivar claridad, presencia y honestidad en la propia práctica. Trabajar duro es mirar hacia dentro con continuidad, sin evasión y sin violencia.

En el Dharma, esta actitud se conoce como Sammā Vāyāma, el Esfuerzo Correcto. No se trata de forzar la mente ni de alcanzar estados especiales, sino de orientar la energía con sabiduría: evitar que surjan estados mentales nocivos, abandonar los que ya han aparecido, y cultivar aquellos que conducen a la liberación. Es un esfuerzo equilibrado, sostenido y consciente.

La práctica de Usui Reiki ofrece un soporte muy concreto para este camino. Al trabajar con la energía, el practicante se encuentra inevitablemente consigo mismo: con sus hábitos, sus resistencias y su nivel real de presencia. Cada sesión se convierte en un espejo. “Trabajar duro” significa entonces volver una y otra vez a la postura correcta: manos presentes, mente clara, corazón disponible.

Desde esta comprensión, Reiki y Dharma se refuerzan mutuamente. El Reiki regula el cuerpo y aquieta el sistema nervioso, creando las condiciones para que el Esfuerzo Correcto no derive en tensión. El Dharma aporta la dirección, evitando que la práctica se convierta en rutina o autoengaño. Juntos, enseñan a cultivar una disciplina amable, firme y sostenida en el tiempo.

Trabajar duro en uno mismo no es un acto heroico ni visible. Es silencioso. Es cotidiano. Es volver al presente una y otra vez. Y es precisamente ese esfuerzo consciente el que transforma la práctica en un camino real.

Sé Amable con los Demás: la Ética de no Dañar como Práctica Viva

Entre los principios de Usui Sensei, “sé amable con los demás” apunta a una dimensión esencial de la práctica: la ética encarnada. No se trata únicamente de un comportamiento correcto hacia el exterior, sino de una forma de estar en el mundo que nace de una mente clara y un corazón no violento.

En el Dharma, esta actitud se expresa a través de Ahimsā, la ética de no dañar. No dañar no significa solo abstenerse de acciones agresivas; implica cultivar una atención constante sobre cómo nuestros pensamientos, palabras y gestos afectan a los demás y a nosotros mismos. La amabilidad surge cuando cesa la prisa por imponerse y aparece la comprensión de la interdependencia.

La práctica del Usui Reiki ofrece un terreno directo para encarnar esta enseñanza. Al poner las manos a una pequeña distancia del cuerpo, el practicante aprende a acercarse al otro sin invadir, sin exigir, sin corregir. La energía fluye cuando hay respeto, escucha y presencia. De este modo, la sesión se convierte en un acto silencioso de no-daño, donde la intención es acompañar y sostener, no intervenir desde el ego.

Desde esta comprensión, Reiki y Dharma se iluminan mutuamente. El Reiki suaviza el cuerpo y el sistema nervioso, creando las condiciones para una respuesta más amable. El Dharma aporta la claridad ética que permite cultivar una compasión estable, no reactiva. La amabilidad deja de ser un ideal moral y se convierte en una práctica concreta, momento a momento.

“Ser amable con los demás” es, en realidad, una forma profunda de disciplina interior. Cada encuentro es una oportunidad para no añadir sufrimiento al mundo. Cada gesto consciente es una expresión de Ahimsā vivida.


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MAESTRO ZEN WÚ DǍO - Cultivar el despertar del corazón - Budismo zen Alicante.


Cultivar el despertar del corazón: Bodhicita y los Cuatro Inconmensurables en la práctica viva del Zen

Muchos se acercan a la práctica creyendo que la iluminación es algo que debe alcanzarse, como quien asciende una montaña esperando conquistar la cima. Pero el despertar no está al final del esfuerzo ni escondido en un futuro mejor. Está en la comprensión íntima de lo que ya ocurre, aquí mismo, antes de que la mente lo cubra con expectativas y juicios.

Cuando practicamos para obtener algo, la mente se divide: aparece el que busca y aquello que es buscado. En esa separación nace el cansancio, la tensión y la confusión. Por eso, en el Camino del Zen se habla de practicar sin ganancia, con una mente libre de cálculo. Cultivar la vía no es añadir nada a lo que somos, sino permitir que lo esencial madure por sí mismo, como un fruto que no puede forzarse a crecer.

En este cultivar atento y vivo, sin apropiación ni prisa, despierta de forma natural la Bodhicita, la mente de la iluminación, el despertar del corazón. No es una idea elevada ni una emoción pasajera. Es un giro silencioso y profundo: la práctica deja de ser solo para uno mismo y se convierte en una respuesta natural al sufrimiento del mundo. Cuando la Bodhicita está presente, la vía deja de ser estrecha y se vuelve vasta como el cielo.

De la Bodhicita brotan, sin esfuerzo, los Cuatro Inconmensurables. No como normas impuestas, sino como signos claros de que la práctica está viva y ha madurado.

El amor (Metta) no es apego ni dulzura artificial. Es el deseo sencillo y profundo de que todos los seres tengan la felicidad. Cuando cultivas Metta, ya no ves enemigos ni bandos; ves seres que, como tú, desean no sufrir. En ese ver, el juicio se afloja y la dureza se disuelve.

La compasión (Karuna) surge cuando el corazón deja de protegerse del dolor ajeno. No es lástima ni sacrificio. Es la capacidad de permanecer presente ante el sufrimiento sin huir ni endurecerse. Cultivar compasión es aprender a no cerrar los ojos cuando duele, ni ante el propio dolor ni ante el de los demás.

La alegría empática (Mudita) es quizá la más sutil de cultivar. Es alegrarse sinceramente del bien ajeno, sin comparación ni sombra de envidia. Cuando Mudita está viva, la felicidad del otro no te empobrece; ensancha el corazón y debilita el hábito de la separación.

La ecuanimidad (Upekkha) es el equilibrio profundo que sostiene a las otras tres. No es indiferencia, sino estabilidad lúcida. Es amar sin poseer, compadecer sin hundirse, alegrarse sin apegarse. Cultivar ecuanimidad es confiar en el fluir de las cosas sin intentar controlar los resultados.

En la práctica zen, estos cuatro no se cultivan pensando en ellos, sino cultivando la atención instante tras instante. Cuando te sientas en zazen sin buscar recompensa, cuando escuchas sin defenderte, cuando actúas sin endurecerte, la Bodhicita se manifiesta y los Cuatro Inconmensurables se expresan por sí solos.

Si te preguntas: “¿Estoy cultivando Bodhicita?”, ya te has apartado un paso. Mira, más bien, cómo respondes cuando alguien te incomoda, cuando algo no sale como esperas, cuando el mundo no confirma tu idea de ti mismo. Ahí se revela si el corazón está despertando.

"Cultiva la claridad de la mente, y el corazón se abrirá; cultiva el corazón abierto, y el mundo dejará de ser un lugar hostil." - Maestro zen Wú Dǎo


ENSEÑANZAS:

MAESTRO ZEN WÚ DǍO - La libertad de la práctica zen - Budismo zen Alicante.

Caminar sin apoyos: La libertad de la práctica zen

En el Camino del Zen, a menudo buscamos apoyos. Nos inclinamos ante formas, rituales, instituciones o figuras creyendo que allí se esconde algo que nos falta. No es que esas formas estén equivocadas; el problema surge cuando pensamos que la verdad vive fuera y que debemos ir a buscarla. En ese gesto, sin darnos cuenta, nos alejamos de nuestra propia raíz.

El Zen señala con sencillez: Cuando colocas la sabiduría fuera de ti, te divides. Aparece un “yo” que busca y una verdad que parece lejana. Así, incluso rodeados de enseñanzas, podemos sentirnos vacíos. Es como pedir agua estando sentado junto a un manantial, sin inclinarse a mirar.

Caminar sin apoyos no significa rechazar templos, rituales o maestros. Significa no depender de ellos para ver con claridad. Cuando nos aferramos a lo externo esperando que nos sostenga, debilitamos nuestra propia capacidad de despertar. La práctica zen no invita a la dependencia, sino a la madurez.

Por eso, el corazón de la práctica es cultivar la mirada interior. Cultivar no es añadir nada nuevo, ni fabricar un estado especial. Es atender, una y otra vez, a lo que ya está vivo. Es permitir que la claridad madure sin forzarla, como una semilla que germina cuando el suelo está cuidado. Esta atención continua es la verdadera disciplina: sentarse, caminar, escuchar y responder desde la presencia.

Cuando cultivamos así, algo se ordena por sí mismo. Descubrimos que la claridad no viene de las formas, sino que las hace posibles. Entonces los rituales pueden acompañar sin confundir, las palabras pueden orientar sin atrapar, y las figuras sagradas pueden inspirar sin sustituir la experiencia directa.

Caminar sin apoyos es caminar libres. No es arrogancia ni rechazo, sino confianza profunda en la propia experiencia. Es saber que la verdad no se recibe como un objeto, ni se concede como un premio. La verdad se despierta cuando dejamos de buscarla lejos y aprendemos a habitar este instante con honestidad.

En la vía del zen, cultivar la práctica es volver una y otra vez a casa. Sin adornos innecesarios. Sin muletas espirituales. Solo este paso, esta respiración, esta conciencia despierta. Ahí, el camino no necesita apoyos, la libertad deja de ser una idea y se vuelve vida.

"El peligro no está en las religiones o los rituales, sino en olvidar que el verdadero despertar surge del interior, no de ningún poder externo." - Maestro Zen Wú Dǎo


ENSEÑANZAS:

MAESTRO ZEN WÚ DǍO - El Dhamma que transformar los tres venenos - Budismo zen Alicante.

 

El Dhamma que Transformar los Tres Venenos

Mostrar el Dhamma no consiste en explicarlo bien, sino en vivir de tal manera que se vuelva visible. No se transmite con discursos refinados ni con gestos solemnes, sino con una presencia que no hiere, con palabras que no engañan y con acciones que no se desvían. Cuando hay consideración, amabilidad, tolerancia y honestidad, el Dhamma ya está actuando, aunque nadie lo nombre.

Practicar de verdad es cultivar la vía en lo cotidiano. Cultivar, en el Zen, no significa forzarse a ser mejor ni corregirse con dureza. Significa cuidar la mente instante a instante, como quien atiende un fuego para que no se apague ni se descontrole. Allí donde cultivamos atención, el Dhamma deja de ser una idea y se convierte en una forma de estar en el mundo.

Los maestros zen señalaron con precisión tres venenos que enturbian la mente y generan sufrimiento: avidez, ignorancia e ira. No son fallos morales ni defectos personales; son hábitos profundamente arraigados. El camino no consiste en combatirlos, sino en reconocerlos y permitir que se transformen mediante la práctica viva.

La avidez nace del miedo a no tener suficiente. Se aferra no solo a objetos, sino también a opiniones, relaciones, identidades e incluso a la práctica misma. Queremos retener, asegurar, controlar. El antídoto no es la renuncia forzada, sino cultivar la generosidad. Generosidad es soltar sin cálculo: dar tiempo, escucha, presencia; soltar una expectativa, una necesidad de tener razón. Cada vez que soltamos, la avidez pierde fuerza. No quedamos vacíos; quedamos más ligeros.

La ignorancia no es falta de conocimiento, sino no ver claramente lo que está ocurriendo aquí y ahora. Vivimos atrapados en conceptos, historias y reacciones automáticas. Su antídoto es cultivar la sabiduría que nace de ver directamente, sin adornos ni autoengaño. Sentarse en zazen, respirar conscientemente, observar un pensamiento sin seguirlo: ahí la ignorancia se resquebraja. Cuando la mente ve con claridad, aunque sea por un instante, la confusión no puede sostenerse.

La ira surge cuando la realidad no coincide con nuestro deseo. Es una energía de rechazo que endurece el corazón. A veces estalla; otras, se congela en resentimiento. El Zen no pide suprimirla, sino cultivar benevolencia y compasión. Primero hacia uno mismo. Compasión no es debilidad; es la capacidad de permanecer abiertos incluso cuando duele. Al reconocer la ira sin identificarnos con ella, su filo se suaviza y la respuesta deja de ser reactiva.

Estos tres venenos no se trabajan por separado. Se transforman en el mismo terreno: la atención continua. Cuando cultivamos generosidad, la avidez se afloja. Cuando vemos con claridad, la ignorancia se disipa. Cuando el corazón se abre, la ira pierde su dominio. Así, el Dhamma se encarna sin esfuerzo añadido.

Compartir el Dhamma, entonces, deja de ser una intención. No enseñamos porque queramos enseñar, sino porque nuestra manera de vivir no añade sufrimiento. Esa es la enseñanza más profunda. Si tú cultivas la mente y yo cultivo la mente, sin engañarnos, sin fingir, el beneficio aparece de manera natural. Primero en nosotros; luego, en los demás.


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