REIKI EN ALICANTE - Reiki y ansiedad - Maestro Vicente Aseillam.

Una mirada desde Reiki y el Zen ante la ansiedad, el dolor y los momentos de crisis

Hay momentos en la vida en los que todo parece moverse.

Una crisis de ansiedad, un dolor físico repentino, una preocupación persistente, una emoción intensa o incluso el ruido del entorno pueden alterar profundamente nuestra sensación de equilibrio. El cuerpo se contrae, la respiración cambia, la mente comienza a anticipar y, casi sin darnos cuenta, empezamos a identificarnos con aquello que estamos experimentando.

Entonces aparece una idea silenciosa:

«Esto que estoy sintiendo soy yo».

Pero sentir ansiedad no significa ser ansiedad.
Sentir dolor no significa que toda nuestra existencia sea dolor.
Experimentar miedo no significa que seamos miedo.

Desde la perspectiva del Reiki y del Zen podemos aprender a contemplar estas experiencias de otra manera.

Cuando el clima interior se vuelve tormenta

Cuando una persona atraviesa un momento de ansiedad o de tensión intensa, es frecuente que el cuerpo responda contrayéndose.

La respiración puede hacerse más superficial, el abdomen puede tensarse y la atención puede quedar atrapada en la cabeza, buscando desesperadamente una explicación o una solución.

En el lenguaje energético del Reiki, podemos observar especialmente la zona del plexo solar y el vientre como lugares donde muchas personas perciben esa contracción.

No necesitamos luchar contra ella.

Primero podemos reconocerla.

«Ahora mismo hay tensión».

No:

«Estoy roto».

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente nuestra relación con la experiencia.

El primer enunciado observa.

El segundo se identifica.

Y allí comienza una forma diferente de cultivar la presencia.

La enseñanza de un maestro de Reiki

Desde la perspectiva del Reiki Ryoho, la práctica no consiste únicamente en buscar que desaparezca aquello que nos incomoda.

Reiki nos invita a cultivar una relación más consciente con nuestro cuerpo, nuestra respiración y nuestro estado interior.

Cuando colocamos las manos sobre el cuerpo con atención tranquila, no estamos obligando al organismo a comportarse de una determinada manera.

Estamos aprendiendo a escuchar.

Las manos pueden convertirse en un punto de referencia.

La respiración puede convertirse en un puente.

El silencio puede convertirse en un espacio donde dejamos de perseguir constantemente aquello que queremos cambiar.

Por eso, ante una situación de ansiedad, una actitud de Reiki podría ser:

«No voy a luchar contra este momento. Voy a permanecer presente mientras lo atravieso».

No significa resignarse.

Significa dejar de añadir una segunda lucha a la primera.

La mirada del Zen

El Zen nos lleva todavía más profundamente.

Observa la montaña.

Sobre ella pasan las nubes.

A veces llega el sol.
A veces aparece la lluvia.
A veces sopla un viento fuerte.
A veces una tormenta cubre completamente su cima.

Pero la montaña no necesita perseguir las nubes.

No necesita expulsar al viento.

No necesita decir:

«Esta tormenta no debería estar aquí».

La tormenta llega.

La tormenta pasa.

La montaña permanece.

De manera semejante, en nuestra experiencia humana aparecen pensamientos, emociones, sensaciones corporales y circunstancias cambiantes.

El error consiste en convertir cada fenómeno pasajero en una definición de nosotros mismos.

El Zen nos invita a observar directamente.

Hay ansiedad.

Hay dolor.

Hay miedo.

Hay cansancio.

Hay preocupación.

Pero antes de decir:

«Yo soy todo esto»,

podemos detenernos y observar:

«Esto está ocurriendo en este momento».

Esa pequeña distancia no es indiferencia.

Es consciencia.

Tú eres la montaña, no el clima

Quizá esta sea una de las imágenes más sencillas para comprenderlo.

El clima representa aquello que cambia:

  • las emociones;
  • los pensamientos;
  • las sensaciones corporales;
  • las preocupaciones;
  • el miedo;
  • el dolor;
  • el ruido exterior;
  • las circunstancias de la vida.

La montaña representa nuestra capacidad de permanecer presentes.

El clima cambia.

La montaña permanece.

Esto no significa que nuestra esencia sea literalmente inmutable ni que una persona deba soportar el sufrimiento pasivamente.

Significa algo más sencillo:

no todo lo que aparece dentro de ti necesita convertirse en tu identidad.

Puedes experimentar una tormenta sin convertirte en la tormenta.

Una práctica terapéutica complementaria desde Reiki Ryoho

Cuando una persona atraviesa momentos de tensión, el Reiki puede utilizarse como una práctica complementaria orientada a favorecer relajación, consciencia corporal y sensación de recogimiento.

No pretende diagnosticar ni sustituir la atención médica o psicológica cuando esta sea necesaria.

Una práctica sencilla puede comenzar creando un espacio tranquilo.

1. Gasshô: detenerse

Antes de colocar las manos, podemos sentarnos unos instantes.

Juntamos las manos delante del pecho y dejamos que la respiración encuentre progresivamente su propio ritmo.

No intentamos respirar «perfectamente».

Simplemente observamos.

Podemos formular interiormente:

«Ahora estoy aquí».

Permanecemos unos momentos sin buscar ningún resultado.

2. Llevar la atención al vientre

Colocamos suavemente las manos sobre el abdomen, sin presionar.

Sentimos el contacto.

Sentimos el movimiento natural de la respiración.

Si existe mucha actividad mental, no intentamos expulsar los pensamientos.

Volvemos una y otra vez a la sensación de las manos y al movimiento del abdomen.

La mente puede estar en la cabeza.

Nuestra atención comienza a descender hacia el cuerpo.

3. Trabajar con el plexo solar

Podemos colocar las manos suavemente sobre la zona del plexo solar o ligeramente por encima del abdomen, según resulte cómodo.

No necesitamos imaginar luces, colores ni nada extraordinario.

Simplemente permanecemos.

Si aparece tensión, la reconocemos.

Si aparece calor, frío, movimiento o ninguna sensación particular, también lo observamos sin juzgar.

La práctica consiste en cultivar presencia, no en fabricar sensaciones.

4. Escuchar mediante Byosen

Dentro de la práctica tradicional de Reiki Ryoho, el Byosen puede utilizarse como una forma de desarrollar sensibilidad y percepción durante el tratamiento.

En lugar de interpretar inmediatamente cada sensación, aprendemos a observar.

Puede haber calor.

Puede haber frío.

Puede haber hormigueo.

Puede no sentirse nada especial.

No es necesario convertir estas percepciones en diagnósticos.

La actitud adecuada es la de una escucha tranquila.

Percibir sin aferrarse.

5. Recorrer el cuerpo con las manos

En un autotratamiento de Reiki podemos continuar con diferentes posiciones de manos, manteniéndolas de forma cómoda y respetuosa.

Cabeza.

Garganta.

Pecho.

Abdomen.

Hara.

Otras zonas que formen parte de la práctica aprendida.

No se trata de realizar una competición contra el tiempo ni de conseguir que una determinada sensación desaparezca.

Cada posición puede convertirse en una oportunidad para volver al presente.

Manos.
Respiración.
Cuerpo.
Presencia.

6. Hacer una pausa en el Hara

Podemos terminar llevando nuevamente las manos hacia el Hara.

El abdomen.

El centro.

Respiramos tranquilamente y sentimos el peso del cuerpo.

Aquí podemos cultivar una enseñanza sencilla:

«No necesito resolver toda mi vida en este instante».

A veces el sistema nervioso necesita primero encontrar un poco de espacio antes de que podamos pensar con claridad.

7. Volver a la vida cotidiana

Finalmente abrimos los ojos lentamente.

Observamos el espacio.

Sentimos los pies.

Nos levantamos sin prisa.

Y continuamos con nuestra actividad.

El objetivo no es permanecer eternamente en una camilla.

El verdadero desafío consiste en llevar esa presencia a la vida cotidiana.

A una conversación.

A una preocupación.

A una enfermedad.

A una dificultad.

A un momento de incertidumbre.

Ahí comienza verdaderamente la práctica.

Cuando la tormenta regresa

Y regresará.

Habrá días en los que la ansiedad vuelva.

Días en los que el cuerpo duela.

Días en los que nuestra práctica parezca profunda y otros en los que apenas podamos permanecer unos minutos.

No debemos convertir esto en otro motivo de exigencia.

La montaña no se siente fracasada porque haya nubes sobre ella.

La práctica espiritual no consiste en conseguir una vida sin tormentas.

Consiste en aprender a relacionarnos de otra manera con ellas.

Podemos respirar.

Podemos sentir los pies.

Podemos colocar las manos.

Podemos regresar al Hara.

Podemos observar el pensamiento sin obedecerlo inmediatamente.

Podemos pedir ayuda cuando la necesitamos.

Y podemos recordar:

«Esto está ocurriendo ahora. No necesito convertirlo en toda mi historia».

Reiki y Zen: dos caminos que se encuentran en la presencia

El Reiki nos enseña a volver al cuerpo.

El Zen nos enseña a ver directamente lo que está ocurriendo.

El Reiki nos invita a posar las manos.

El Zen nos invita a no aferrarnos.

El Reiki cultiva la sensibilidad.

El Zen cultiva la atención desnuda.

Y ambos pueden encontrarse en un mismo gesto:

estar plenamente aquí.

No necesitamos convertir la práctica en una batalla contra nosotros mismos.

Podemos aprender a acompañarnos.

A escucharnos.

A cultivar paciencia.

A cultivar estabilidad.

A cultivar silencio.

Y también a reconocer cuándo necesitamos el apoyo de un profesional.

Porque aceptar una tormenta no significa dejar de buscar refugio.

La montaña permanece

Quizá algún día comprendamos que sanar no siempre significa conseguir que el viento deje de soplar.

A veces significa dejar de creer que cada ráfaga determina quiénes somos.

El dolor puede aparecer.

La ansiedad puede aparecer.

El miedo puede aparecer.

Las circunstancias pueden cambiar.

Pero podemos aprender a permanecer presentes mientras todo eso ocurre.

El viento sopla.

Las nubes atraviesan el cielo.

La lluvia cae sobre la montaña.

Y, debajo de todo ello, permanece la tierra.

Por eso, cuando llegue una nueva tormenta, quizá puedas detenerte un instante y recordar:

No soy únicamente lo que estoy sintiendo.

No soy únicamente lo que estoy pensando.

No soy únicamente lo que me está ocurriendo.

Respira.

Enraíza.

Coloca tus manos.

Regresa al cuerpo.

Regresa al presente.

Cultiva tu centro.

El viento sopla.
La montaña permanece.
Tú eres más que el clima.
Tú eres presencia.

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