CURSO DE REIKI - Primer nivel de Usui Reiki Ryoho en Alicante - Maestro Vicente Aseillam.

Primer Nivel de Reiki Ryoho en Alicante

Formación oficial – Alianza Internacional Dharma Reiki-Ho y Escuela Malliesa

Febrero 2026 | Cuatro sábados consecutivos presenciales
🗓 Sábados: 7, 14, 21 y 28 de febrero
🕔 Horario: de 17:00 a 21:00 h
📍 C/ Víctor de la Serna 40, 2º izda. Alicante (España)


Aprende Reiki desde la base, de forma clara y práctica

Reiki es una práctica natural que puede aprender cualquier persona, sin importar la edad, la experiencia previa o las creencias personales. No es una religión ni requiere conocimientos especiales. Reiki es la energía vital que sostiene la vida, y aprender a canalizarla es un proceso sencillo, profundo y transformador.

En el Primer Nivel de Reiki Ryōhō aprenderás a canalizar Reiki de manera natural, principalmente a través de la colocación de las manos, permitiendo que la energía fluya allí donde el cuerpo y la mente lo necesitan.


¿Qué aprenderás en este curso?

Durante esta formación aprenderás:

  • Las posiciones básicas de las manos para el autotratamiento y el tratamiento a otras personas.

  • A reconocer el Byōsen, la sensibilidad que indica desequilibrios energéticos.

  • Técnicas tradicionales de armonización del cuerpo, la mente y la energía.

  • Métodos de purificación energética y cuidado del propio canal.

  • A integrar una práctica consciente y segura en tu vida diaria.

El curso incluye manual de Reiki Ryoho de los sistemas Gendai Reiki-Ho y Usui Reiki Tibetano y la sintonización presencial (Reiju) realizada por un Maestro de Reiki, que abre el canal energético y permite aplicar Reiki a uno mismo, otras personas, animales o plantas.


Beneficios de la práctica de Reiki

La práctica regular de Reiki:

  • Reduce el estrés y la tensión acumulada.

  • Favorece una profunda relajación física y mental.

  • Mejora la circulación de la energía vital en todo el cuerpo.

  • Apoya los procesos naturales de autocuración y equilibrio emocional.

Reiki actúa de forma gradual y profunda, trabajando en la raíz de los desequilibrios. La clave está en la constancia y la práctica consciente, sin esfuerzo mental, desde la presencia y la confianza.


Una formación para tu bienestar y tu crecimiento personal

En Reiki no se fuerza la energía: el practicante se convierte en canal.
Reiki fluye de manera inteligente, regulándose por sí mismo según las necesidades del momento. Con la práctica, el canal se vuelve más claro y la experiencia más profunda, aportando bienestar tanto a quien da como a quien recibe el tratamiento.


Inscripciones abiertas · Plazas limitadas

Las plazas son limitadas para garantizar una enseñanza personalizada y un acompañamiento adecuado durante todo el proceso de aprendizaje.

📩 Información e inscripciones:
Escuela Malliesa – Reiki Ryōhō
✉️ vaseillam@hotmail.com
📞 636534450
🌐 https://escuelamalliesa.blogspot.com/

Reserva tu plaza y comienza tu camino en Reiki de forma sólida, consciente y respetuosa con la tradición.


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USUI REIKI RYOHO - Dharma y Reiki - Maestro Vicente Aseillam.


Reiki y Dharma: Medios Hábiles en el Camino hacia la Liberación

Cuando se contempla la posibilidad de integrar Reiki y Dharma, es imprescindible hacerlo desde una comprensión clara de sus naturalezas distintas. No se trata de fusionarlas de manera indiscriminada, sino de permitir que cada una ocupe su lugar correcto sin generar confusión ni autoengaño en la práctica.

La experiencia de sanar, de aliviar o de transformar surge de condiciones interdependientes, no de una entidad personal que controla el proceso. En ciertas aproximaciones al Reiki, sin esta comprensión, puede aparecer un riesgo sutil: que el ego del practicante se infle bajo la idea de “yo sano”, “yo tengo un don”, “yo transmito poder”. Si se decide caminar con ambas vías, el punto esencial es cultivar el estado de no-yo también durante la práctica energética. El practicante no es un hacedor, sino un canal consciente que no se apropia de la experiencia.

Desde esta perspectiva, la diferencia en la comprensión del sufrimiento se vuelve igualmente clara. El Reiki actúa principalmente en el nivel del síntoma: relaja el sistema nervioso, alivia el dolor, reduce el estrés, armoniza la experiencia inmediata del cuerpo-mente. El Dharma, en cambio, apunta directamente a la raíz: la ignorancia fundamental, el apego y la aversión que sostienen el ciclo del sufrimiento. Confundir estos planos sería empobrecer a ambos. Integrarlos con sabiduría significa usar el Reiki como un medio hábil para calmar el cuerpo y permitir que la mente tenga la estabilidad necesaria para observarse a sí misma.

Existe, además, un origen común que conviene recordar: la búsqueda de la iluminación. Para Usui Sensei, el Reiki no era únicamente una técnica de sanación física, sino un camino hacia el Anshin Ritsumei, ese estado de paz interior profunda y aceptación del destino. Este estado resuena claramente con la equanimidad budista, Upekkhā: una mente que permanece estable, abierta y no reactiva ante las circunstancias cambiantes de la vida.

En el Dharma, el objetivo es la liberación del sufrimiento mediante el despertar de la mente, viendo la realidad tal como es. En el Reiki, la sanación del cuerpo puede entenderse como un escalón: al aliviar el dolor y aquietar el sistema nervioso, la mente encuentra el sosiego necesario para cultivar atención, comprensión y claridad. El cuerpo en calma se convierte en soporte del despertar, no en su fin último.

Así, Reiki y Dharma no se oponen ni se diluyen uno en el otro. Uno prepara las condiciones; el otro revela la verdad. Uno armoniza la experiencia inmediata; el otro corta la raíz del sufrimiento. Practicados desde la Vacuidad, ambos se transforman en expresiones de una misma aspiración: una mente libre, estable y despierta, sin un “yo” que sane ni un “yo” que alcance nada.

La Compasión como Motor de la Práctica

En el corazón más profundo del Usui Reiki late una fuerza que no es técnica ni método, sino intención pura, la compasión. Cuando esta práctica se contempla a la luz del budismo zen, aparece con claridad un punto de unión esencial. La figura del Buda de la Medicina, Yakushi Nyorai, conocido en sánscrito como Bhaiṣajyaguru, no representa únicamente la curación del cuerpo, sino la aspiración a aliviar el sufrimiento en todos los planos de la existencia.

Desde esta comprensión, practicar Reiki no es simplemente aplicar una energía para reducir un síntoma. Es cultivar Metta, el amor benevolente que desea sinceramente el bienestar del otro, y Karuna, la compasión que no se aparta ante el dolor, sino que se acerca con presencia y apertura. El gesto de imponer las manos se transforma entonces en un acto de profunda humanidad consciente.

Cuando el practicante se sitúa en este estado, ya no busca “quitar un dolor” desde una voluntad personal. Se vacía de protagonismo y permite que la energía fluya como expresión natural del deseo de aliviar el sufrimiento. No hay apropiación, no hay mérito personal: solo disponibilidad. En ese instante, el Reiki deja de ser una técnica y se convierte en una acción compasiva encarnada.

De esta forma, el practicante de Reiki camina de forma análoga a un Bodhisattva, alguien que, sin separarse del mundo ni de su dolor, ofrece alivio allí donde es posible, sin expectativa de resultado ni afirmación del yo. Cada sesión se vuelve una oportunidad para cultivar una mente compasiva, estable y despierta, que acompaña sin invadir y sostiene sin aferrarse.

De este modo, la compasión no es un añadido ético al Reiki, sino su motor silencioso. Es lo que orienta la práctica hacia algo más profundo que la sanación puntual: una participación consciente en el alivio del sufrimiento, sostenida por una mente clara y un corazón abierto.



Yakushi y la Sanación de los Tres Venenos

En la enseñanza asociada a Yakushi Nyorai, el Buda de la Medicina, la enfermedad no se comprende únicamente como un desequilibrio físico, sino como la manifestación visible de causas más profundas. En la raíz del sufrimiento del cuerpo se encuentran los llamados tres venenos: el apego, el odio y la ignorancia. Estos estados mentales, cuando se cultivan de forma inconsciente, tensan la mente, alteran el flujo natural de la energía y terminan expresándose como enfermedad.

Desde esta visión, la práctica del Usui Reiki adquiere una dimensión más amplia que la simple búsqueda de alivio corporal. Al canalizar energía, el practicante no intenta combatir la enfermedad como un enemigo externo, sino crear las condiciones para que estos venenos comiencen a disolverse. El apego se suaviza cuando la energía invita a la relajación y a la aceptación; el odio se enfría cuando el cuerpo experimenta seguridad y calma; la ignorancia se aclara cuando la mente encuentra espacio y silencio.

La imposición de manos se convierte así en un gesto simbólico y real a la vez. No se trata de “limpiar” algo desde la voluntad personal, sino de cultivar un campo de presencia compasiva donde la energía fluye sin intención egoica. En ese campo, el cuerpo puede soltar tensiones antiguas y la mente puede reconocer, aunque sea de forma sutil, los patrones que generan sufrimiento.

Reiki, entendido desde Yakushi, no elimina directamente los tres venenos; los ilumina. Al ser vistos con claridad y sostenidos en un entorno de calma y benevolencia, pierden fuerza. La sanación que surge entonces no es solo la desaparición de un síntoma, sino una reconciliación progresiva entre cuerpo, mente y conciencia.

De este modo, cada sesión de Reiki puede ser vivida como una práctica silenciosa de transformación interior: una oportunidad para aliviar el dolor presente y, al mismo tiempo, para cultivar las condiciones que reducen las causas profundas del sufrimiento.

La Paciencia como Camino de Transformación

Entre los principios de Usui Sensei, uno resuena con especial profundidad: “Solo por hoy, no te enojes”. Esta simple frase no es un consejo superficial para controlar la ira, sino una guía para cultivar la paciencia y la claridad interior en cada momento de la vida. La práctica de Reiki ofrece un espacio donde esta intención puede encarnarse, ya que al canalizar energía, no solo buscamos armonizar el cuerpo, sino también entrenar la mente en presencia y calma, evitando que el odio o la irritación nos dominen.

En el Dharma, esta actitud se refleja en la práctica de Kṣānti, la paciencia que actúa como antídoto contra el odio y la aversión. La paciencia no es resignación ni pasividad; es la fuerza que permite ver el sufrimiento propio y ajeno con claridad, sostenerlo sin reaccionar impulsivamente y responder desde la sabiduría. Al aplicar Reiki con esta conciencia, el practicante aprende a no aferrarse a la frustración o al enojo, permitiendo que la energía fluya libremente y generando un espacio seguro tanto para sí mismo como para el otro.

“No enojarse” se convierte en una práctica viva: un entrenamiento diario que une Reiki y Dharma. Mientras la energía Reiki calma el cuerpo y suaviza la mente, la paciencia budista permite que el corazón se mantenga abierto, transformando cada interacción, cada dificultad y cada conflicto en una oportunidad de crecimiento y liberación. En cada sesión, en cada gesto, se puede cultivar la paciencia como un puente entre la compasión activa y la claridad despierta.

Reiki y Dharma no son caminos separados; uno prepara la mente, el otro fortalece el corazón. Juntos, enseñan que incluso el enojo más sutil puede ser transformado en comprensión y presencia consciente, “solo por hoy”.

Atención Plena y Confianza en el Fluir de la Vida

Entre los principios legados por Usui Sensei, “Solo por hoy, no te preocupes” señala una dirección clara para la mente, regresar al presente. La preocupación es siempre un movimiento hacia el futuro, una proyección construida desde el miedo y la incertidumbre. Este principio no invita a la irresponsabilidad, sino a cultivar una mente estable que no se pierda en escenarios imaginados.

En el Dharma, esta actitud se expresa a través de la práctica de Sati, la atención plena. Sati es la capacidad de estar plenamente presentes con lo que ocurre aquí y ahora, sin añadir juicios ni narrativas innecesarias. Cuando la mente se ancla en la experiencia directa, la preocupación pierde fuerza, porque deja de ser alimentada por pensamientos repetitivos. La práctica de Reiki ofrece un soporte concreto para este entrenamiento: al canalizar energía, el practicante se asienta en la respiración, en las manos, en la sensación inmediata, permitiendo que la mente se unifique con el momento presente.

Junto a la atención plena, el Dharma introduce una comprensión esencial: la confianza en el Karma. Confiar en el Karma no significa resignarse pasivamente, sino reconocer que cada experiencia surge de causas y condiciones, y que nuestras acciones presentes son las semillas del futuro. Cuando esta comprensión se cultiva, la preocupación se transforma en responsabilidad consciente: hago lo que corresponde ahora, con claridad y rectitud, y suelto la necesidad de controlar los resultados.

Desde esta perspectiva, Reiki y Dharma se encuentran de manera natural. El Reiki aquieta el sistema nervioso y reduce la agitación que sostiene la preocupación; el Dharma ofrece el marco de sabiduría que permite soltar el aferramiento al resultado. “No preocuparse” se vuelve entonces una práctica viva: estar plenamente aquí, actuar con intención correcta y confiar en el fluir de las causas y condiciones.

“Solo por hoy” no es una consigna temporal, sino una puerta siempre abierta. Cada instante se convierte en una oportunidad para cultivar atención plena, confianza y serenidad, dejando que la mente descanse en la realidad tal como es.

Gratitud y Comprensión de la Interdependencia

Entre los principios de Usui Sensei, “Solo por hoy, sé agradecido” señala una actitud que transforma profundamente la manera de vivir y de practicar. La gratitud, en este contexto, no es un simple sentimiento positivo, sino una forma de sabiduría aplicada: el reconocimiento consciente de que nada existe de manera aislada.

En el Dharma, esta comprensión se expresa a través de Pratītyasamutpāda, el origen interdependiente. Todo lo que experimentamos surge gracias a una red infinita de causas y condiciones: el cuerpo que respira, la energía que circula, la posibilidad misma de recibir o dar Reiki. Cuando esta verdad se cultiva, la gratitud surge de manera natural, porque se disuelve la ilusión de autosuficiencia.

La práctica del Usui Reiki ofrece un terreno directo para encarnar esta enseñanza. Al canalizar energía, el practicante reconoce que no “produce” nada por sí mismo. La energía fluye gracias a innumerables condiciones: la transmisión recibida, la enseñanza de los maestros, la presencia del receptor, la disposición del momento. Este reconocimiento transforma la sesión en un acto silencioso de agradecimiento hacia la vida misma.

Desde el Dharma, la gratitud también actúa como un antídoto contra el orgullo y la queja. Al ver la interconexión, la mente deja de centrarse en lo que falta y se abre a lo que ya está sosteniendo la experiencia. Así, Reiki y Dharma se refuerzan mutuamente: el Reiki suaviza el corazón y lo vuelve receptivo; el Dharma aporta la claridad para cultivar una gratitud estable, no dependiente de las circunstancias externas.

“Ser agradecido, solo por hoy” se convierte entonces en una práctica continua. Cada respiración, cada sesión, cada encuentro es visto como el resultado de una red viva de relaciones. Vivir desde esta comprensión no solo armoniza el cuerpo y la mente, sino que orienta la práctica hacia una presencia humilde, abierta y profundamente despierta.

Esfuerzo Correcto como Práctica Viva

Entre los principios de Usui Sensei, “trabaja duro” no señala una exigencia externa ni una lucha contra uno mismo. Apunta, más bien, a una disposición interior: la voluntad constante de cultivar claridad, presencia y honestidad en la propia práctica. Trabajar duro es mirar hacia dentro con continuidad, sin evasión y sin violencia.

En el Dharma, esta actitud se conoce como Sammā Vāyāma, el Esfuerzo Correcto. No se trata de forzar la mente ni de alcanzar estados especiales, sino de orientar la energía con sabiduría: evitar que surjan estados mentales nocivos, abandonar los que ya han aparecido, y cultivar aquellos que conducen a la liberación. Es un esfuerzo equilibrado, sostenido y consciente.

La práctica de Usui Reiki ofrece un soporte muy concreto para este camino. Al trabajar con la energía, el practicante se encuentra inevitablemente consigo mismo: con sus hábitos, sus resistencias y su nivel real de presencia. Cada sesión se convierte en un espejo. “Trabajar duro” significa entonces volver una y otra vez a la postura correcta: manos presentes, mente clara, corazón disponible.

Desde esta comprensión, Reiki y Dharma se refuerzan mutuamente. El Reiki regula el cuerpo y aquieta el sistema nervioso, creando las condiciones para que el Esfuerzo Correcto no derive en tensión. El Dharma aporta la dirección, evitando que la práctica se convierta en rutina o autoengaño. Juntos, enseñan a cultivar una disciplina amable, firme y sostenida en el tiempo.

Trabajar duro en uno mismo no es un acto heroico ni visible. Es silencioso. Es cotidiano. Es volver al presente una y otra vez. Y es precisamente ese esfuerzo consciente el que transforma la práctica en un camino real.

Sé Amable con los Demás: la Ética de no Dañar como Práctica Viva

Entre los principios de Usui Sensei, “sé amable con los demás” apunta a una dimensión esencial de la práctica: la ética encarnada. No se trata únicamente de un comportamiento correcto hacia el exterior, sino de una forma de estar en el mundo que nace de una mente clara y un corazón no violento.

En el Dharma, esta actitud se expresa a través de Ahimsā, la ética de no dañar. No dañar no significa solo abstenerse de acciones agresivas; implica cultivar una atención constante sobre cómo nuestros pensamientos, palabras y gestos afectan a los demás y a nosotros mismos. La amabilidad surge cuando cesa la prisa por imponerse y aparece la comprensión de la interdependencia.

La práctica del Usui Reiki ofrece un terreno directo para encarnar esta enseñanza. Al poner las manos a una pequeña distancia del cuerpo, el practicante aprende a acercarse al otro sin invadir, sin exigir, sin corregir. La energía fluye cuando hay respeto, escucha y presencia. De este modo, la sesión se convierte en un acto silencioso de no-daño, donde la intención es acompañar y sostener, no intervenir desde el ego.

Desde esta comprensión, Reiki y Dharma se iluminan mutuamente. El Reiki suaviza el cuerpo y el sistema nervioso, creando las condiciones para una respuesta más amable. El Dharma aporta la claridad ética que permite cultivar una compasión estable, no reactiva. La amabilidad deja de ser un ideal moral y se convierte en una práctica concreta, momento a momento.

“Ser amable con los demás” es, en realidad, una forma profunda de disciplina interior. Cada encuentro es una oportunidad para no añadir sufrimiento al mundo. Cada gesto consciente es una expresión de Ahimsā vivida.


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MAESTRO ZEN WÚ DǍO - Cultivar el despertar del corazón - Budismo zen Alicante.


Cultivar el despertar del corazón: Bodhicita y los Cuatro Inconmensurables en la práctica viva del Zen

Muchos se acercan a la práctica creyendo que la iluminación es algo que debe alcanzarse, como quien asciende una montaña esperando conquistar la cima. Pero el despertar no está al final del esfuerzo ni escondido en un futuro mejor. Está en la comprensión íntima de lo que ya ocurre, aquí mismo, antes de que la mente lo cubra con expectativas y juicios.

Cuando practicamos para obtener algo, la mente se divide: aparece el que busca y aquello que es buscado. En esa separación nace el cansancio, la tensión y la confusión. Por eso, en el Camino del Zen se habla de practicar sin ganancia, con una mente libre de cálculo. Cultivar la vía no es añadir nada a lo que somos, sino permitir que lo esencial madure por sí mismo, como un fruto que no puede forzarse a crecer.

En este cultivar atento y vivo, sin apropiación ni prisa, despierta de forma natural la Bodhicita, la mente de la iluminación, el despertar del corazón. No es una idea elevada ni una emoción pasajera. Es un giro silencioso y profundo: la práctica deja de ser solo para uno mismo y se convierte en una respuesta natural al sufrimiento del mundo. Cuando la Bodhicita está presente, la vía deja de ser estrecha y se vuelve vasta como el cielo.

De la Bodhicita brotan, sin esfuerzo, los Cuatro Inconmensurables. No como normas impuestas, sino como signos claros de que la práctica está viva y ha madurado.

El amor (Metta) no es apego ni dulzura artificial. Es el deseo sencillo y profundo de que todos los seres tengan la felicidad. Cuando cultivas Metta, ya no ves enemigos ni bandos; ves seres que, como tú, desean no sufrir. En ese ver, el juicio se afloja y la dureza se disuelve.

La compasión (Karuna) surge cuando el corazón deja de protegerse del dolor ajeno. No es lástima ni sacrificio. Es la capacidad de permanecer presente ante el sufrimiento sin huir ni endurecerse. Cultivar compasión es aprender a no cerrar los ojos cuando duele, ni ante el propio dolor ni ante el de los demás.

La alegría empática (Mudita) es quizá la más sutil de cultivar. Es alegrarse sinceramente del bien ajeno, sin comparación ni sombra de envidia. Cuando Mudita está viva, la felicidad del otro no te empobrece; ensancha el corazón y debilita el hábito de la separación.

La ecuanimidad (Upekkha) es el equilibrio profundo que sostiene a las otras tres. No es indiferencia, sino estabilidad lúcida. Es amar sin poseer, compadecer sin hundirse, alegrarse sin apegarse. Cultivar ecuanimidad es confiar en el fluir de las cosas sin intentar controlar los resultados.

En la práctica zen, estos cuatro no se cultivan pensando en ellos, sino cultivando la atención instante tras instante. Cuando te sientas en zazen sin buscar recompensa, cuando escuchas sin defenderte, cuando actúas sin endurecerte, la Bodhicita se manifiesta y los Cuatro Inconmensurables se expresan por sí solos.

Si te preguntas: “¿Estoy cultivando Bodhicita?”, ya te has apartado un paso. Mira, más bien, cómo respondes cuando alguien te incomoda, cuando algo no sale como esperas, cuando el mundo no confirma tu idea de ti mismo. Ahí se revela si el corazón está despertando.

"Cultiva la claridad de la mente, y el corazón se abrirá; cultiva el corazón abierto, y el mundo dejará de ser un lugar hostil." - Maestro zen Wú Dǎo


ENSEÑANZAS:

MAESTRO ZEN WÚ DǍO - La libertad de soltar lo innecesario - Budismo zen Alicante.


La Libertad de Soltar lo Innecesario

A veces creemos que la alegría llegará cuando todo esté en su lugar, cuando tengamos seguridad, respuestas, control. Pero el Zen nos enseña otra cosa: que la alegría más honda aparece cuando empezamos a soltar. No cuando añadimos algo a nuestra vida, sino cuando dejamos de cargar lo que ya pesa demasiado.

El camino medio nos enseñanza, con suavidad, a sentarnos y mirar nuestra propia mochila. No para juzgarnos, sino para ver con honestidad qué llevamos dentro. Hay pensamientos que repetimos desde hace años, miedos que ya no necesitan protección, identidades que nos dieron cobijo un tiempo, pero que ahora nos aprietan. Y sin darnos cuenta, vivimos defendiendo esas cargas como si fueran tesoros.

Cultivar la práctica es también aprender a reconocer estos apegos. No de golpe, no con violencia, sino con una atención paciente que va madurando. Cada vez que te das cuenta de que estás aferrado, ya estás un poco más libre. Cada vez que eliges soltar, aunque sea un poco, algo en tu interior se ensancha.

Soltar no siempre se siente ligero al principio. A veces da miedo, porque lo que soltamos ha sido parte de nuestra historia. Ten valor, no el valor ruidoso, sino ese valor silencioso que te permite abrir la mano sin saber todavía qué vendrá después. Ese gesto sencillo es profundamente transformador.

Cuando cultivas este arte de dejar ir, ocurre algo natural: el corazón se vuelve más espacioso, la mente más clara, la vida menos pesada. Descubres que muchas de las cosas que creías necesarias para ser feliz en realidad te estaban robando la libertad.

De esta manera comprendes, no con ideas sino con experiencia, que la alegría verdadera no depende de tener más, sino de necesitar menos. Que la felicidad no nace de apretar, sino de aflojar. Que la libertad no se conquista luchando, sino soltando con conciencia.


ENSEÑANZAS:

MAESTRO ZEN WÚ DǍO - Abrazando el Camino Medio - Budismo zen Alicante.


Explorando la Sabiduría Interior y la Naturaleza de la Existencia

En este espacio sagrado de reflexión y autoconocimiento, nos complace ofrecer una guía en español para aquellos que se embarcan en el viaje hacia la comprensión del camino medio a través de las enseñanzas del Budismo Zen. Al igual que una gota de agua se funde con el vasto océano, nuestras palabras buscan fusionarse con tu ser, brindándote un acceso directo a los fundamentos de la sabiduría y los métodos esenciales de la práctica.

Nos unimos en comunión con la Comunidad Zen Camino del Dharma, así como con todos aquellos que buscan la claridad y la serenidad en el idioma español. Estamos aquí para acariciar tu ser con el viento suave de la comprensión y permitir que estas enseñanzas se entrelacen con tu ser de manera tan natural como el río fluye sin obstáculos.

En armonía con nuestra visión, honramos las palabras del Gran Maestro Xu Yun, cuya luminosidad en la oscuridad nos recuerda la importancia de la autonomía en nuestro camino. Así como el loto emerge puro del lodo, también podemos cultivar la autosuficiencia en nuestra senda espiritual. Permítenos ser el eco suave en tu mente, recordándote la naturaleza intrínseca de tu ser y la resplandeciente luz interior que posees.

Juntos, daremos los primeros pasos por el sendero del camino medio, inspirado por las enseñanzas del Buda. Bajo la guía de un maestro zen experimentado, cuyo conocimiento y comprensión serán nuestra brújula en este viaje de autodescubrimiento, exploraremos los profundos matices de esta senda.

La clave para integrar plenamente las enseñanzas radica en dedicar un momento diario a la lectura, encontrar un rincón tranquilo para absorber su sabiduría y anotar lo que resuena en ti. Sin embargo, recuerda que la verdadera esencia reside en vivir estas enseñanzas a través de una práctica constante, permitiendo que florezcan en nuestra vida como flores en primavera.

Nuestro maestro zen, Wú Dǎo (Vicente Aseillam), con su enriquecedora experiencia en diversos linajes budistas, nos guiará a través de antiguos Sutras, que son tesoros de sabiduría transmitidos a través de generaciones. Desentrañaremos los misteriosos koans, que desafían nuestra lógica convencional y nos liberan del pensamiento limitado. A través de sus discursos magistrales, los teishos, nos sumergiremos en las profundidades de la comprensión, encontrando luz en la oscuridad del desconocimiento.

A medida que avanzamos, no podemos sino reconocer la omnipresente influencia de la naturaleza en nuestras vidas y en nuestro entendimiento. La naturaleza refleja nuestras verdades internas a través de su constante cambio y fluidez. Al conectarnos con ella, encontraremos respuestas a preguntas aún no formuladas. Así, emplearemos la naturaleza como fuente de sabiduría para iluminar nuestro entendimiento del zen.

Es vital recordar que todas las escuelas del zen tienen sus raíces en los patriarcas del Chán, cuya sabiduría está entrelazada con las enseñanzas de los maestros budistas de la antigua India. En esta unión de tradiciones, descubrimos un flujo constante de conocimiento a lo largo del tiempo.

Con humildad y gratitud, te invitamos a unirte a este viaje de exploración interior. Cada paso es una oportunidad para descubrir la verdad profunda en nuestros corazones y mentes. Que este camino medio nos conduzca a la realización y a la paz que trasciende las dualidades de la vida.

Fraternalmente en el Dharma.


ENSEÑANZAS:

MAESTRO ZEN WÚ DǍO - El sendero de la respiración - Budismo zen Alicante.

El Sendero de la Respiración

En la práctica diaria de zazen atiende con plena consciencia a la inhalación y a la exhalación. Estas palabras nos recuerda la simplicidad y profundidad de esta práctica. No es necesario adentrarse en senderos enmarañados ni poseer habilidades extraordinarias. Basta con la observación serena de una inhalación y una exhalación.

La esencia de la meditación zen reside en la actitud, como bien expone el texto. Es un recordatorio de que la práctica no está arraigada en la adquisición o el logro, sino en la liberación, el desapego y el fluir con la corriente de la existencia.

El Buda Shakyamuni enseñó: "El que comprende la impermanencia, no se apegará a lo que es transitorio". Aquí reside una de las enseñanzas más profundas. La práctica de la atención plena nos invita a no aferrarnos a las sensaciones, pensamientos o estados que surgen. En lugar de ello, debemos permitir que fluyan como el río sin anclarnos a ellos.

La peligrosa trampa del apego a los estados jhānicos, que son estados de conciencia refinada, es magistralmente ilustrada. La mente puede anclarse en el recuerdo de una meditación pasada y anhelar repetir esa experiencia. Sin embargo, la auténtica práctica reside en estar completamente presente en el ahora, sin comparaciones ni anhelos.

El camino correcto, como nos indica la enseñanza, es el de la atención plena. Es el arte de ser testigo de lo que es, sin juicio ni preferencia. Es abrir el corazón y la mente a la experiencia inmediata, aceptándola plenamente.

En la práctica de la meditación zen encontramos la simplicidad que yace en la esencia de nuestra existencia. En cada inhalación y exhalación, podemos tocar la verdad de nuestra naturaleza interconectada y efímera. Nos recuerda que la práctica no es una progresión lineal, sino un círculo perpetuo de presencia y liberación.


ENSEÑANZAS:

MAESTRO ZEN WÚ DǍO - La liberación del sufrimiento - Budismo zen Alicante.


La Enseñanza Zen para la Liberación del Sufrimiento

En la tradición zen, se reconoce que la mente occidental tiende a aferrarse a ideales y a comparar constantemente la realidad con ellos, mostrando un deseo constante de que las cosas sean diferentes a como son. Sin embargo, el zen nos enseña que la realidad es tal y como es en este momento, y nuestra resistencia a aceptarla nos causa sufrimiento.

La enseñanza zen nos insta a practicar la aceptación radical de la realidad, sin juzgarla ni interpretarla. Esto implica dejar de lado las expectativas y los juicios, y abrirnos a la experiencia directa del momento presente. Al igual que una nube que pasa por el cielo, los pensamientos y los sentimientos son fenómenos transitorios que surgen y desaparecen. Al observarlos sin apegarnos a ellos, nos liberamos de su influencia y encontramos una profunda paz interior.

"Deja de buscar la perfección y encuentra la plenitud en la imperfección del momento presente." - Maestro zen Wú Dǎo

La atención plena se convierte en una herramienta fundamental en este camino. Al dirigir nuestra atención hacia el momento presente, podemos experimentar la realidad sin la interferencia de los conceptos mentales y las proyecciones idealizadas. Observamos la respiración como un ancla que nos ayuda a mantenernos arraigados en el presente, disipando la tendencia de la mente a divagar en el pasado o en el futuro.

La práctica de la atención plena requiere disciplina y dedicación, pero a medida que nos sumergimos más en ella, comenzamos a desarrollar una percepción más clara y directa de la realidad. Esta comprensión nos lleva a una aceptación profunda y desapegada de la vida tal y como es, liberándonos del sufrimiento que surge de la lucha constante contra lo que no podemos controlar.

La enseñanza zen nos recuerda que la aceptación de la realidad no implica pasividad, sino que nos brinda una base sólida para actuar de manera consciente y compasiva en el mundo. Al abandonar nuestras idealizaciones y expectativas, nos abrimos a las posibilidades infinitas que se presentan en cada momento, y podemos responder de manera creativa y sabia a los desafíos que surgen.


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